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Mayra Abbahaca, Ciudad de Buenos Aires:
si bien las descripciones de Paris son un deleite, y el argumento no está
nada mal, hay demasiadas frases rimbombantes (“...fue para mí, aquel
logro, acceder a pensamientos insondables, entrar al universo cognitivo
universal...”) y referencias intelectuales que abruman en lugar de
ayudar a la buena trama. Si aligeras el peso de estas frases y te centras
más en el argumento, seguramente construirás un excelente relato.
Esteban Gerardo Álvarez, San Andrés, Provincia de Buenos Aires: la principal virtud de “Quiebre de conciencia” es tu valentía al
encarar el tema del sexo y la religión. Sin embargo, tu texto requiere de
una reescritura a fondo, que elimine montones de oraciones y palabras que
están de más. A saber, con ejemplos incluidos: rebuscamientos (“la
luz… atraviesa oblicua los intersticios de la persiana baja”),
explicaciones (“La Razón, un diario que distribuyen gratuitamente”) y
abundantes adjetivos que molestan y no muestran.
Diego Arandojo, Ciudad de Buenos Aires:
llama poderosamente la atención tu primer párrafo, donde se plantea un
comienzo bien impactante con un amontonado cúmulo de datos. Este inicio
será excelente, si le das cierto orden a tus ideas. El resto del texto
sigue la misma línea. No se comprende bien la relación entre el
filicidio y la relación amorosa, que avanzan en paralelo y no se cruzan.
Pese a la buena redacción, se impone una reescritura que establezca cuál
es la idea central del relato.
Ramón Oscar Arias, Ciudad de Buenos Aires:
tu texto, más afín al lenguaje poético que al de una narración, merece
más extensión y desarrollo en múltiples aspectos: argumento, construcción
de personajes, etcétera.
Fernando Ballardini, Estocolmo, Suecia: lo más interesante de ”Trámites cortos” es la
postura del protagonista, el modo en que sabe que va a ser engañado y lo
acepta de buen grado. Pero, por otra parte, el argumento requiere de
algunos ajustes. Fundamentalmente, es necesario al menos un punto de máxima
tensión narrativa que atraiga y despierte más emoción, conservando a
los personajes y a su circunstancia.
Norma Benesdra, Ciudad de Buenos Aires:
si bien “El muelle” sale triunfante en su misión de sugerir antes que
decir, y en imaginar más que crear, hay un problema que afecta al relato
en su totalidad: la excesiva presencia del narrador. Esta no es una
falencia en sí misma, y depende de cada texto. Pero, en este caso, aunque
esté relatado en primera persona, la narradora habla tanto, pero tanto de
sí misma, que eso mismo nos distrae absolutamente del resto. Tal vez se
imponga aligerar la presencia de la protagonista, contar algo menos de lo
que piensa y mostrar más de lo que hace.
Pablo Bicego, Ciudad de Mendoza: lo más
destacable de “El Rubí” es la muy detallada descripción de los
personajes, que se pueden ver, sentir y escuchar. Por lo demás, aunque el
argumento es original, la excelente situación planteada podría dar lugar
a más historias y sucesos de interés. Sólo restaría evitar algunas
explicaciones de lo que ya está muy bien dicho. Por ejemplo, hacer
reiterado hincapié en la timidez del protagonista, de la que ya nos diste
noticias. Este relato, uno de los mejores del presente concurso, tiene
además unas cuantas dosis de buen humor. (Texto elegido por El Escriba. Puedes leerlo
aquí)
María Verónica Bonura, Ciudad de Buenos Aires: tu relato es, sin lugar a dudas, uno de los más originales. El amor de
verano entre Felisa y ¡el chocolate francés! es una vuelta de tuerca al
género romántico que sinceramente nos sorprendió. Este difícil texto
tiene puntos a favor (el argumento, el final, las motivaciones de la
protagonista) y en contra (las motivaciones del marido de Felisa, cierto
amontonamiento de frases, poco aire para contar la historia). Con más
trabajo de reescritura, el resultado será formidable.
Eduardo Caballero, Ciudad de Buenos Aires: tu relato intenta contar una larga vida en pocos párrafos. Y si
bien lo logra en gran medida, hay ciertos problemas con los detalles.
Obviamente, nadie espera que relates cada suceso de la historia del
protagonista, pero frases como “salí al
encuentro de mi futuro”, “en un país lejano”, “juntos cruzamos un
puente infinito” son demasiado vagas. Paradójicamente, tu texto también
incluye algunas de las mejores descripciones de personajes (del
protagonista, especialmente) y de lugar que hemos recibido. En síntesis,
hay aquí muy buen material para trabajar, en la medida en que reescribas
el texto, podando todo lo que sobra y agregando más situaciones que
muestren aquella vida.
Emilio Canale, San Isidro, Buenos Aires: tu relato muestra una extraña y desigual combinación
de factores. Por un lado, el tono coloquial y el punto de vista elegidos
ayudan a construir una buena historia. Por otra parte, hay cierto exceso
de frases hechas (“un sinfín de ansias satisfechas, reunidas en un mágico
instante”) que afean el texto. Y en el medio, algunas frases de antología.
Por ejemplo, la siguiente, ¡un verdadero monumento a Edipo!: “De mi
mami para acá, siempre estuve con una buena mujer.” Será cuestión
entonces de retomar el texto, podar lo que sobra (te darás cuenta seguro
de qué se trata) y mantener los valores que ostenta este cuento.
Maria Eliana Carrasco Linford, Santiago de Chile: “Culpa, óleo y trementina” reúne dos textos en uno, sin que
lleguen a fundirse en un solo relato. Por un lado, hay una descripción
externa e interna de primerísimo nivel, que hubiera ganado este concurso
sin dudas. Pero, por otra parte, incluyes una historia de “amor de
verano” demasiado trillada y con muy pocas aristas descriptivas o
sorprendentes, que nada tiene que ver con la primera mitad. Seguramente,
si piensas y escribes un relato de amor más atractivo, en el mismo marco,
hallarás un texto listo para ser publicado.
Beatriz Caserta, Ciudad de Buenos Aires:
el comienzo de “La celestina” es uno de los mejores que hemos
recibido. Con suma economía de palabras, ingresa directamente al tema
central, sin demoras ni vueltas. Pero, lamentablemente, el texto se
termina cuando recién estaba comenzando, en tanto faltaría darle más
aire a situaciones y personajes. Así como solemos criticar los excesos de
palabras, el otro extremo también tiene sus bemoles. Y, en el caso de un
potencial buen cuento como este, aún más. En síntesis, lo que
escribiste termina dejándonos con sabor a poco.
Ricardo Colavecchia, Ciudad de Buenos Aires: si bien “Saudades” presenta un cúmulo de descripciones muy logradas
y visibles, la acción se demora demasiado para entrar en escena. Tal vez
debas alternar tus buenas observaciones, y su mejor trascripción al
papel, con más hechos y acciones vinculados al argumento.
Lulú Colombo, Ciudad de Buenos Aires:
en primer lugar, debemos decirte que no es sencillo leer cuatro páginas
seguidas ¡sin un solo punto y aparte! Se entiende que los has hecho
deliberadamente, pero este factor formal se suma a un amontonamiento de
datos y situaciones que dejan al lector más mareado que la enamorada
protagonista. Eso sí, superados estos escollos nos encontramos con un
texto bellísimo, con un argumento muy ajustado y personajes muy bien
construidos.
Vanesa Crisci, Ciudad de Buenos Aires:
tu texto constituye el típico caso en el cual la capacidad para escribir
juega en contra. En general, pueden decirse las cosas más bellas con la
mayor sencillez. Por el contrario, tu relato adolece de un exceso de metáforas
y frases barrocas que merecen un adelgazamiento. Ejemplos: “el vapor de
mis labios envueltos en una hecatombe atemporal...”, o “jazmín de
llanto envejecido”.
Nora Díaz, Villa Domínico, Buenos Aires:
lo mejor de tu relato es la ternura que deja traslucir, a partir de un
relato sencillo, en el mejor de los sentidos. Cuenta exactamente lo que
quiere contar, sin rebuscamientos o una multitud de metáforas ingeniosas.
Para terminar de redondear un buen texto, habría que mejorar la
caracterización de los personajes, que no se ven con claridad, y agregar
detalles sobre el viaje de la protagonista. Estos elementos permitirán a
los lectores entrar de lleno en la historia, sin estar tan pendientes del
hecho de que se trata de un relato.
Marcela Díaz Vélez, México:
si bien tu relato no carece de belleza, hay algunos problemas a resolver
para redondear un muy buen cuento. En primer lugar, hay cierto apuro por
contar, que atenta contra el relato. ¿Por qué no te tomas tu tiempo para
narrar los hechos? Por otra parte, hay una excesiva demostración de
sentimientos con explicaciones, antes que con hechos y situaciones. Por
ejemplo, en lugar de decir “los días tenían la magia de una ilusión”
sería mucho más atractivo mostrar escenas en las que esta idea se pueda
ver.
Paula Etchart, Ciudad de Buenos Aires:
“Eclipse” contiene una elevada dosis de frases e ideas bellísimas,
pero la suma de las partes no arroja un resultado tan atractivo. Si bien
se comprende tu intento de sugerir antes que contar, la sensación que
provoca en el lector es justamente la necesidad de datos más concretos,
hechos y situaciones más explícitos, que permitan ubicarnos y disfrutar
más de las escenas. En otras palabras, se sugiere demasiado más
de lo que se dice. Si das más carnadura a tus personajes y sucesos, tu
relato alcanzará sin dudas alturas de importancia.
Leonardo Feldman, Ciudad de Buenos Aires: sorprende y genera mucho interés la estructura
experimental de tu texto. La recurrencia obsesiva a la repetición de términos
y a las comas, da un interesante tono al relato. Sin embargo, después de
un par de párrafos, el efecto se torna algo molesto y afecta a tu buen
argumento y planteo de lugares y situaciones. Tal vez la solución pase
por dosificar tu hallazgo de estilo y combinarlo con fragmentos de narración
más clásica.
Jorge Alberto Fernández, La Habana, Cuba:
si bien “Mil ochocientos doce” cuenta con una buena cantidad de
elementos de mucho valor (tu estilo, la descripción de personajes y
sitios, las pícaras chicanas políticas), tu intencionada inclusión del
narrador se torna excesiva y no permite orientar la mirada hacia el relato
en sí mismo, que es de alta calidad. Más allá de tus intenciones
originales, ¿qué pasaría si eliminas todo rastro del escritor en la
obra?
Juan Oscar García Garzón, Ciudad de Buenos Aires: tu muy bello relato sería más hermoso aún si
redujeras su extensión a la mitad. Aunque tus descripciones sean muy
logradas, hay tantas que demoran ostensiblemente la acción. Llama la
atención la historia de una mujer que halla a su “sireno”,
invirtiendo la mitología. Por lo demás, más allá de los recortes
comentados, “Un barquito y una extraña canción” nos envuelve en una
sugerente y cálida historia de amor.
Gustavo Grabia, Ciudad de Buenos Aires:
si bien tu texto tiene gracia y un final muy divertido, el argumento
merece más trabajo y elaboración. Lo mismo vale para la construcción de
los personajes, algo vagos y poco visibles. Sería interesante poner manos
a la obra para reformar el texto, dejando a salvo el tono liviano y la
situación descripta.
Laura Lahoz, México D.F.: en primer lugar, hay un
problema con el tiempo de tu narración. Si la protagonista y narradora
muere al final, el relato debería estar en tiempo presente. Por lo demás,
a tu bella anécdota le falta más desarrollo para convertirse en un
relato. Para plantear semejante final, se torna imprescindible saber mucho
más del personaje principal.
Inma Lara, Elche, Alicante, España:
“Dos semanas” reúne diversos aspectos de interés: la endeble línea
que separa la realidad de los sueños, dos almas gemelas que se encuentran
en un punto, una sugerente ambientación espacial, y buen humor. Sin
embargo, algo falla en la maquinaria que procesa todos los factores
anteriores. Tal vez haga falta reducir unas cuantas líneas, especialmente
aquellas destinadas a mostrar los sueños de ambos, o brindar una conclusión
acorde (en su detalle) a lo que los personajes habían supuesto que
ocurriría.
Natalia
María Ledesma, Ciudad de Buenos Aires:
“Road book” es uno de los mejores cuentos que hemos recibido, cuyo
mayor logro es el tono onírico, en un paisaje de “road movie”. Tal
vez, la única contra es la condición de sueño del romance que se cuenta
aquí. Deja algo de frustración saber que lo que cuentas con tanta
belleza no haya sucedido realmente. Por otra parte, debemos hacerte una
pregunta que tal vez se deba a la vejez incipiente de este comentarista:
¿qué diablos es un “macho-pig”? (Texto elegido por El Escriba - Puedes leerlo
aquí)
Silvana Lopa, Ciudad de Buenos Aires:
tu relato es un continuo irse por las ramas. Y este factor, que suele ser
defecto, aquí se convierte en virtud en tanto el tono se vincula
directamente con el centro del relato, desdoblado entre lo que sucede
sobre el sillón y lo que ocurre en la pantalla del televisor. Pese a un
cierto exceso de intelectualismos, es uno de los mejores relatos que hemos
recibido. (Texto elegido por El Escriba -
Puedes leerlo aquí.)
Richard Machado, Ciudad de Buenos Aires:
si bien tu texto no carece de belleza, hay una buena cantidad de excesos
poéticos que lo tornan afectado y generan distanciamiento. Sería
interesante preservar las buenas imágenes que has sabido conseguir, pero
bajando un poco los decibeles de tanto clamor poético.
Efraim Mantovani, Mar Azul, Provincia de Buenos Aires: aunque tu texto contenga muy bellas imágenes, el abuso de este recurso
atenta contra el relato en su totalidad. ¿Es necesario incluir una bella
imagen en cada oración? Es evidente tu capacidad para escribir, pero
muchas veces esta virtud no alcanza. Sería interesante que aproveches
algunas, sólo algunas, de tus ideas poéticas y las apliques a una
narración más clásica.
Norah Martínez, Neuquén Capital: el principal problema de tu relato reside en la
construcción de las frases, demasiado largas y con muchas subordinadas.
La consecuencia: se hace difícil seguir el texto. Superado este escollo,
hay un interesante núcleo argumental que merece más desarrollo y cierta
poda de palabras y frases sobrantes.
Nadia Minghetti, Munro, Provincia de Buenos Aires: el inquietante y muy seductor argumento de “Amor ausente” se ve
afectado por el uso de demasiadas palabras recargadas y frases
altisonantes (“...los cuerpos encarpetados que deambulaban con miradas
intrigantes frente a todo un mar de convulsiones...”). Si eligieras la
sencillez como camino, el resultado sería mucho mejor.
Ida Mitrani Arenal, La Habana, Cuba:
la reconstrucción del pasado y el dolor de entonces y del presente se
funden en un diálogo verosímil y emocionante. Simplemente, uno de los
mejores textos que hemos recibido. (Texto
elegido por El Escriba - Puedes leerlo aquí.)
Enrique Montanelli, Ciudad de Buenos Aires: aunque “La duda” esté escrito de un modo impecable, la tercera
persona del narrador no ayuda a este potencial buen relato. Este argumento
parece requerir de más voz de los personajes, y de menos presencia del
autor. Por lo demás, párrafos más cortos ayudarían a dar más aire a
la historia.
Fabiana Monti, Rosario, Santa Fe:
con “Amor de tarot” ocurren varias cosas tan extrañas como la
historia de amor que aquí se cuenta. Si bien el argumento tiene elementos
muy originales y atractivos, hay ciertos disloques narrativos que deberían
revisarse. Si la calidad de tu escritura es indudable, a la vez apelas a
ciertos recursos que no están a su altura (por ejemplo, impedir que el
muchacho se baje del micro, justo cuando abajo está su amada, porque el
chofer está apurado). En pocas palabras, hay aquí material para
concretar un texto de primera, siempre y cuando te dispongas a trabajarlo
más, sin prisa y sin pausa.
Ana Irene Morales, Villa Adelina, Provincia de Buenos Aires: pese a que tu relato cuenta con una idea originalísima (¡un elefante
viajando en subterráneo!), el argumento no está a su altura. Sería
interesante, más allá de la buena descripción que haces del absurdo,
generar más situaciones atractivas para el lector. La sorpresa de tu
planteo, que no es poca y es un punto a favor, se agota velozmente si no
inoculas más ficción a tu narración.
Dixon Moya, Bogotá, Colombia:
si bien tu relato incluye muy bellas descripciones de personajes y de
lugar, hay ciertas falencias en el argumento que deberías revisar. En
primer lugar, el lector se queda esperando que algo ocurra. Y no sucede.
Además, el último párrafo, cercano a la ciencia ficción, necesita más
anclaje en lo que antecede, para tornarse verosímil.
Flavia Muratore, Ciudad de Buenos Aires:
lo más atractivo de tu relato es el logrado tono de los diálogos,
interesantes y verosímiles, y el tierno paisaje interior de la
protagonista. En esta bella historia de amor faltaría incluir algún
elemento de tensión que eleve el interés en el texto. Por ejemplo, algún
cortocircuito en la pareja naciente, o alguna circunstancia que haga
temblar la relación.
Gerardo Leonardo Pennini, Centenario, Neuquén: si bien “Per saltum” merece elogios por su valentía
al plantear un muy complejo relato sobre el relato, hay que decir que los
resultados son demasiado crípticos. Hay algunos (muchos) momentos muy
logrados, pero no alcanzan a conformar un conjunto tan comprensible como
bien escrito. Y la calidad de la pluma no lo es todo, lamentablemente.
Rafael Pinedo, Ciudad de Buenos Aires:
aunque “Desencuentro” constituya un exhaustivo mapa interior del
hombre abandonado, ello no alcanza para construir un relato que promete más
de lo que cumple. Por un lado, falta darle más carnadura a los
personajes, trabajar más su construcción; y por otro lado, sería
interesante ajustar el argumento, introduciendo más puntos de clímax
narrativo, que despierten más atención en los lectores. Tu buen estilo
demuestra que cuentas con las herramientas para lograrlo.
María Elena Pissoni de Mangoni:
pese a contar con un interesante núcleo argumental que podría
desarrollarse más, “Brindis de plata” tiene un par de problemas
serios: cierta vaguedad en las descripciones e historias de vida
planteadas, y muchos inconvenientes con el uso de signos de puntuación,
que entorpecen la lectura. Te recomendamos que revises el texto en su
totalidad, contemplando estos factores.
Facundo Porras, San Martín, provincia de Buenos Aires: escribir bien no lo es todo en la ficción, y “Solíamos ser” es un
buen ejemplo. Pese a tu evidente manejo del idioma, tu canto u oda a un
amante adolece de un exceso de sentimientos expuestos. No es que esté
mal, ni mucho menos, mostrar sentimientos en la ficción. El problema se
genera cuando se dicen (y en voz alta) en lugar de mostrarlos. Por
ejemplo, dices: “Te quiero, te siento, te sueño, te amo a todo momento, te siento tan
cerca mío espiritualmente, pero
tan lejos realmente”. ¿Por qué no crear o contar una situación donde
tanta pasión se muestre con hechos?
Pietro Ramírez Carrara, Beni, Bolivia:
“Me quedo en Názaro” cuenta una buena historia, con adecuadas
descripciones de lugar y personajes. Sin embargo, tiene el problema del
amontonamiento de ideas, anécdotas, recuerdos y sucesos, sin solución de
continuidad. Tu buen trabajo requiere de más aire, para que podamos
disfrutar lo que ocurre sin perder el aliento. Por empezar, sería bueno
que consideres el uso de frases y párrafos más cortos, y del viejo y
querido punto y aparte.
Armando A. Rivera, San José, Mendoza: en el
no deseado combate entre descripciones y argumento, las primeras ganan por
goleada. En notable el desnivel que existe entre las detalladas y muy
logradas fotografías que expones, y el endeble núcleo argumental. Sería
interesante ver qué resulta después de trabajar los sucesos del relato,
en el mismo marco ambiental.
Cirenia Salazar Aguirre, Monterrey, Nueva León, México: si bien tu texto destila mucha ternura, hay un cierto exceso de palabras
que lo afecta seriamente. Por ejemplo, dices unas cuatro veces que el
muchacho es guapo. Además, si bien el entusiasmo desbordante y tu elección
de un diario personal para contar la historia te dan algunas licencias,
sería mejor mostrar escenas (lo que de hecho haces, pero podría haber más)
antes que explicar los sentimientos. Nos encantó el final y una frase en
particular: “Sentía algo en mi estomago que no sé si serán las
famosas maripositas”.
Isabel Sánchez, Guaymallén, Mendoza:
todos los logros que consigues en diálogos verosímiles y de ágil
lectura, se pierde en parrafadas demasiado extensas y recargadas de
palabras. Te recomendamos reescribir el relato aligerando las frases
rimbombantes y orientando la mirada hacia el núcleo argumental.
Liz Sister, Ciudad de Buenos Aires:
tu texto, aunque contiene algunos elementos de incipiente valor, sufre dos
grandes problemas: por un lado, el relato es demasiado acelerado, como si
quisiera contar todo en un segundo, sin detenerse en detalle alguno. El
efecto que genera es un distanciamiento pronunciado, impidiendo al lector
involucrarse en la trama. Además, el personaje de Maira es algo inverosímil.
No se entiende bien si, ante la separación con Marco, es la mujer más
tolerante del mundo o simplemente no le importa.
Matías Stiep, Cipolletti, Río Negro: aunque
resulta evidente tu capacidad para escribir, tu relato sufre dos problemas
básicos: en primer lugar, hay un exceso de metáforas y frases
“ingeniosas” que detienen una y otra vez el fluir del relato
(“sadismo del sol”, “látigo de luz”, “esa imprevista sirena de
cabellera de oro”, y muchas más. Por otra parte, el noventa por ciento
del cuento es una introducción a... ¡las últimas cinco líneas!, que es
donde verdaderamente está la historia. Tal vez deberías invertir los
factores y darle mucho más aire a la historia de amor propiamente dicha.
Mariluz Suárez, México D. F.:
“La bailarina” es uno de los mejores textos que hemos recibido en una
pseudo categoría que acabamos de inventar, y que podríamos llamar
“romances obsesivos”. Aunque no hay demasiados datos sobre los
protagonistas, ni suficientes descripciones ni sucesos, el mapeo mental
del protagonista es sumamente interesante y verosímil. No todos los
paisajes son externos, después de todo. Te has adentrado en un terreno
farragoso, y aunque algunos ajustes de argumento (de clímax, más
precisamente) no vendrían mal, el resultado es más que positivo. (Texto
elegido por El Escriba - Puedes leerlo aquí.)
Gastón Virkel, Miami, Estados Unidos: lo más logrado de “Trazos” es el tono. La poesía
y la decepción se combinan de buena forma, pues consiguen que el lector
vea (emocionalmente) las escenas. Igualmente, haría falta una reescritura
donde se aligeren ciertas metáforas algo rebuscadas (“El
sol anaranjaba la tarde”) y
redundantes con lo ya expresado.
Carolina Andrea Leal Werner, Temuco, Chile: si bien el argumento de tu cuento desborda de ternura y consigue
plantear el amor en su estado más puro, el texto necesita uno o dos
puntos de máxima tensión narrativa para mantener la atención del
lector. No tiene por qué ser una tragedia, ni mucho menos, pero algún
inconveniente más grave para el amor entre ambos ayudaría a generar la
tensión buscada. Por otra parte, tu básicamente buen relato pide a
gritos más aire. Párrafos y oraciones más breves, puntos y comas ayudarán
a que tu texto fluya con más agilidad y permita apreciar las virtudes con
que ya cuenta.
Marcos Winocur, Puebla, México: si bien tu texto tiene excelentes descripciones de
espacio y situaciones, las líneas argumentales se mezclan y confunden,
despistando al lector. La solución parece pasar por el famoso “barajar
y dar de nuevo”. Tal vez, si reordenas los mismos elementos que has
desplegado, logres un resultado más claro y efectivo. Vale la pena el
intento. Todo parece estar listo para la concreción de un excelente
relato.
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Concurso "Un amor de verano"
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