Principal
Qué es El Escriba
Talleres
Concursos de El Escriba
Notas
Textos seleccionados
Frases sobre escritura y creación
Informacion y concursos
Ejercicios de escritura
Dicen los escribas
Corresponsales
Suscripciones
Servicios de redacción
Contenidos
Los libros de EL ESCRIBA
Contacto

"Cuentos sobre periodistas": El texto ganador

Marcha atrás

por Francisca Rivera Pardo, de Santiago de Chile.

El palacio abre sus portones, la bandera flamea en el frontis. Una turba avanza por la avenida. El viento me levanta la falda. Me abro paso con el micrófono. El camarógrafo me sigue.

–Debo cuidar la cámara, pueden pasar muchas cosas –me susurra por encima del hombro. Presiona una perilla.

–¡El día se viste de otros colores! –digo con voz entrecortada.

Se me viene a la mente el recuerdo de mi última protesta. Mis pies tropiezan con una mochila. Me detengo. Un aliento me roza la nuca. Giro la cabeza. Mis ojos chocan con unos café muy movedizos.

–¡Abajo el proyecto! –grita un muchacho. Los demás repiten. En cada sílaba rememoro las frases de aquel año. Miro hacia un lado. Una pelirroja aprieta una pancarta, una rubia se la quita.

–¡Es como el bacalao! –manifiesta una de bucles castaños. Los otros reiteran. Contemplo a la gritona: El operador la compara con una cantante de “metal pesado”.

–Conozco las ideas de esa –comenta un rubio de jopo apuntándome con el lápiz. Me aparto. El asistente me indica un ángulo mejor. Un moreno larguirucho se acerca.

–¿Qué te parece la ley? –le pregunto con suave entonación.

–La “gordita” se equivoca –responde mascando chicle. El ayudante pulsa un obturador. Respiro tranquila. Alguien me empuja. Me sujeto de un poste. El griterío se torna ensordecedor.

–¡Que renuncie la ministra! –vociferan. Golpes de palmas avivan la arenga.

–¡Permiso! Vengo del programa “Mundo actual” –interpelo a un grandote con piercing. Me tocan una cadera. Me vuelvo.

–¿Qué opinas? –interrogo a una flaca despeinada.

–No ve las diferencias –contesta con tono firme.

–¡Los chiquillos de hoy se atreven! –exclamo atropellando las palabras. Mi compañero se adelanta. En la pantalla se ven rostros crispados. Los microbuses amarillos se van por otra ruta. Locales cierran sus puertas. Un blindado aparece en una esquina.

–¡Pacos vendidos! –profieren entre carreras y empujones. El aire se enrarece con el gas. La nariz se congestiona, la garganta escuece, las retinas arden, lágrimas se deslizan. Me froto con los nudillos. Unos encapuchados atraviesan corriendo. Un “pelusa” lanza algo. El proyectil golpea la espalda de un chascón esmirriado. “¡Conche su madre!”, expresa entre quejidos. Nos alejamos.

–¡Estaba en medio de un remolino de piedras! –declaro en un enfoque de cuerpo entero. Un melenudo cae a la vereda, es socorrido por los demás. La herida gotea. Un pañuelo sirve como venda. Un carro irrumpe con su chorro inmundo. Quedamos empapados. Un vehículo verde nos enfrenta. Los hombres de casco bajan con luma, se protegen con escudo. Uno consigue atrapar a un chico crespo, otro tira de las mechas a una regordeta. A un fotógrafo le arrebatan la máquina, es apaleado, reclama a gritos. Uñas se hunden en los brazos. El “micro” aguarda. Son llevados a la rastra, se lamentan. Abajo prosiguen con la lucha. El “zorrillo” se abalanza. Huyen al sector donde nos encontramos; arrancan soportes, destruyen teléfonos, quiebran vitrinas. Una mano me toma por la cintura. La furgoneta nos espera.

–¿Qué desean lograr? –inquiero a uno alto de dientes desparejos.

–Necesitamos llegar a un diálogo –me replica con el ceño fruncido. En la acera contraria, uno de capucha negra arroja un bulto. Atrás ha quedado la muchedumbre. La llamarada ilumina un gabinete. Me trae a la memoria tiempos difíciles. Aprisionan al rebelde. Los transeúntes se retiran. Un viejo le pisa la cola a un “quiltro”. El ladrido me sobresalta. Se asoman a las ventanas. Un trigueño pecoso me observa. Doy media vuelta. Mi acompañante oprime un botón.

–¡Chueca! –me vocea un calvo. Reconozco sus facciones. Los demás me abofetean con la mirada. Bajo la frente, me niego a recordar aquella tarde de proclama, ya no soy partidaria de esa ideología. Subo a prisa. Se aproxima otro “guanaco”.  

PARTICIPA DE NUESTROS TALLERES DE ESCRITURA A DISTANCIA

Volver a la página del Concurso "Cuentos sobre periodistas"